Este interesante documental analiza la leyenda de Bigfoot. En él se muestran pruebas en vídeo nunca vistas y huellas halladas por todo el oeste de Estados Unidos y Canadá.
¿Sera solo una leyenda?
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Maravillas del Mundo
Estas son algunas de las maravillas del Mundo Antiguo, hoy en dia desaparecidas.
La leyendas de las calaveras de cristal
La leyenda de la calavera de cristal analiza qué hay de cierto detrás del incono que ha inspirado la última película de Indiana Jones, El reino de la calavera de cristal.
Aunque la película habla de una calavera de cristal creada por extraterrestres, no todo es ficción.
Las calaveras de cristal existen. En Londres, Washington y París hay museos que tienen una. Pero la más famosa de todas, la «calavera del destino», es protagonista de una historia de tesoros increíble.
Este documental sigue los pasos del explorador Frederick Mitchell Hedges y su hija adoptiva, Anna, y nos cuenta la historia del descubrimiento de la Calavera del Destino en un templo maya en los años 20. Pero esta calavera, igual que otras propiedad de los grandes museos del mundo, ¿es un objeto sagrado maya o azteca, o uno de los mayores fraudes de la arqueología? Nuevas pruebas científicas definitivas van a desvelarnos la verdad.
Aunque la película habla de una calavera de cristal creada por extraterrestres, no todo es ficción.
Las calaveras de cristal existen. En Londres, Washington y París hay museos que tienen una. Pero la más famosa de todas, la «calavera del destino», es protagonista de una historia de tesoros increíble.
Este documental sigue los pasos del explorador Frederick Mitchell Hedges y su hija adoptiva, Anna, y nos cuenta la historia del descubrimiento de la Calavera del Destino en un templo maya en los años 20. Pero esta calavera, igual que otras propiedad de los grandes museos del mundo, ¿es un objeto sagrado maya o azteca, o uno de los mayores fraudes de la arqueología? Nuevas pruebas científicas definitivas van a desvelarnos la verdad.
El Arca de Noe
En la montaña mas alta de Turquía, a cerca de 5200m, un grupo de arqueologos han descubierto diversos restos de madera. ¿ Pertenecerán esos restos a la mítica arca de Noé? En este documental se analizan restos hayados por todo el mundo e intentan descifrar la leyenda.
La Atlantida: El continente perdido
Por todos los rincones de mundo, arquoelogos, investigadores e historiadores buscan sin descanso el continente perdido de la atlantida. En este documental podras ver las civilizaciones que estan investigando como candidatas a la Atlantida descrita por Platon.
El Dorado
El Dorado es un lugar mítico que se suponía que tenía grandes reservas de oro y que fue buscado por los conquistadores españoles e ingleses con gran empeño, atraídos por la idea de un lugar con calles pavimentadas de oro, en donde el preciado metal era algo tan común que se despreciaba. Muchos de ellos murieron en el intento por descubrir la ciudad, ya que las largas expediciones transcurrían por la selva y a la dureza del terreno había que unir la falta de provisiones. Se suponia que estaba ubicado en alguna parte de la selva amazonica, entre Perú, Colombia, Venezuela, Guyana o Brasil.

Origen de la leyenda
El mito empezó en el año 1530 en los Andes de lo que hoy es Colombia, donde el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada encontró por primera vez a los muiscas, una nación en lo que actualmente se conoce como el Altiplano Cundiboyacense. La historia de los rituales muiscas fue llevada a Quito por los hombres de Sebastián de Benalcázar; mezclada con otros rumores, se formó allí la leyenda de El dorado, «el hombre dorado», «el indio dorado», «el rey dorado». Imaginado como un lugar, El Dorado llegó a ser un reino, un imperio, la ciudad de este rey legendario.
En busca de este reino legendario, Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro partieron de Quito en 1541 hacia el Amazonas en una de las más fatídicas y famosas expediciones para encontrar El Dorado.
Hay otra leyenda acerca del Dorado que cuenta que en la época de Tahuantinsuyo, cuando los incas se enteraron que Atahualpa había sido asesinado por los conquistadores, a pesar de que continuaban llegando a Cajamarca cientos de indìgenas cargados con oro y plata para pagar su rescate, Rumiñahui, uno de sus principales generales, decidió esconder todo el oro de la ciudad acompañado de al menos mil incas. La leyenda no dice exactamente dónde se escondió el oro, pero muchas personas piensan que el oro se escondió en el fondo del lago Titicaca,o en los llanganatis ecuatorianos. Desde el siglo XVIII se adelantaron expediciones para buscar el tesoro de los incas en la abrupta e inhóspita zona de la cordillera de los Andes conocida como "Llanganates" (una parte de la cual forma parte de una reserva natural), todas con resultados oficialmente inútiles y trágicos por la pérdida de vidas.
Origen de la leyenda
El mito empezó en el año 1530 en los Andes de lo que hoy es Colombia, donde el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada encontró por primera vez a los muiscas, una nación en lo que actualmente se conoce como el Altiplano Cundiboyacense. La historia de los rituales muiscas fue llevada a Quito por los hombres de Sebastián de Benalcázar; mezclada con otros rumores, se formó allí la leyenda de El dorado, «el hombre dorado», «el indio dorado», «el rey dorado». Imaginado como un lugar, El Dorado llegó a ser un reino, un imperio, la ciudad de este rey legendario.
En busca de este reino legendario, Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro partieron de Quito en 1541 hacia el Amazonas en una de las más fatídicas y famosas expediciones para encontrar El Dorado.
Hay otra leyenda acerca del Dorado que cuenta que en la época de Tahuantinsuyo, cuando los incas se enteraron que Atahualpa había sido asesinado por los conquistadores, a pesar de que continuaban llegando a Cajamarca cientos de indìgenas cargados con oro y plata para pagar su rescate, Rumiñahui, uno de sus principales generales, decidió esconder todo el oro de la ciudad acompañado de al menos mil incas. La leyenda no dice exactamente dónde se escondió el oro, pero muchas personas piensan que el oro se escondió en el fondo del lago Titicaca,o en los llanganatis ecuatorianos. Desde el siglo XVIII se adelantaron expediciones para buscar el tesoro de los incas en la abrupta e inhóspita zona de la cordillera de los Andes conocida como "Llanganates" (una parte de la cual forma parte de una reserva natural), todas con resultados oficialmente inútiles y trágicos por la pérdida de vidas.
Fuente: Wikipedia
El Imperio Dorado de los Incas
¿Existio el Dorado? En este documental se analiza la leyenda del Dorado y como los conquistadores españoles se dedicaron con gran esfuerzo a la búsqueda de aquella ciudad mítica de oro.
El Cabalista de Praga
En Praga, delante del viejo ayuntamiento judío, se erige la imponente estatua del gran rabino Judá Loew Ben Bezalel (1512-1609), conocido como MaHaRaL, el Cabalista.
La estatua tiene más de un siglo. Nadie se atrevió a destruirla, ni los nazis, ni los soviéticos, ni siquiera los grafiteros de nuestros días. Ahí está, inmutable, protegida por su propia leyenda. Durante el proceso Slánský, interpuesto en 1952 por el poder estalinista contra los espías y los cosmopolitas -es decir, los antiguos dirigentes comunistas de origen judío-, el Gobierno dispuso una guardia ante el monumento para protegerlo de posibles agresiones antisemitas. ¿Por qué esta excepción? Por miedo a una maldición. Aquí nació, producto de las palabras y del barro, el primer humanoide de la historia: el Golem. Mucho después de su muerte, su creador sigue inspirando temor.
La estatua tiene más de un siglo. Nadie se atrevió a destruirla, ni los nazis, ni los soviéticos, ni siquiera los grafiteros de nuestros días. Ahí está, inmutable, protegida por su propia leyenda. Durante el proceso Slánský, interpuesto en 1952 por el poder estalinista contra los espías y los cosmopolitas -es decir, los antiguos dirigentes comunistas de origen judío-, el Gobierno dispuso una guardia ante el monumento para protegerlo de posibles agresiones antisemitas. ¿Por qué esta excepción? Por miedo a una maldición. Aquí nació, producto de las palabras y del barro, el primer humanoide de la historia: el Golem. Mucho después de su muerte, su creador sigue inspirando temor.
La Ciudad Zeta
Percy Harrison Fawcett nació en 1825 en Devon, Inglaterra. Desde joven se enroló en el ejército, para el que serviría durante varios años en Ceilán. Más tarde trabajaría para el servicio secreto, -sin dejar la milicia-, en el norte de África. En 1906 recibió el encargo de la Royal Geographical Society para comandar una expedición encargada de delimitar las fronteras entre Bolivia y Brasil.
Durante tres años estuvo cartografiando la región y cuando el encargo llegó a su fin, Fawcett abandonó el ejército y prosiguió las exploraciones financiándolas por su cuenta o con el patrocinio de diversos periódicos. Así, sus expediciones tuvieron bastante eco en su país natal debido a los peligros que arrostraba (tribus hostiles, peligrosos animales, naturaleza salvaje, orografía, accidentes, hambre, etc.) e incluso en un relato suyo de un viaje a las colinas Ricardo Franco se inspiró Arthur Conan Doyle para localizar su famosa novela El mundo perdido. En total encabezó siete expediciones a las selvas sudamericanas entre 1906 y 1924, con un breve paréntesis a causa de la I Guerra Mundial, ya que el coronel regresó a Inglaterra para luchar.
En los últimos años Fawcett había estudiado mucho la arqueología de la región. Así surgiría su interés por una gran y antigua ciudad perdida que estaba convencido de poder hallar en las junglas brasileñas. Aparte de viejos relatos y dudosos indicios el coronel creía en la existencia de esa ciudad, -que denominaría "Z"-, a causa de un ídolo de piedra negra, con misteriosos signos esculpidos, que le había regalado el escritor y también aventurero, sir H. Rider Haggart. Tras adquirir un mapa antiguo de la zona del aún poco conocido Mato Grosso, al SO de Brasil, en el que aparecía una ciudad sin nombre, Fawcett decidió organizar la que sería su última expedición.
El coronel siempre había tenido problemas en sus viajes para encontrar compañeros fiables. Pero esta vez le acompañarían su hijo mayor, Jack, y un amigo de éste, Raleigh Rimell. Fawcett siempre había preferido los pequeños grupos, que pudieran valerse por sí mismos y podrían ganarse más fácilmente la confianza de las tribus nativas y evitar así los ataques. Planeó la ruta con sumo cuidado y, sabedor del peligro que afrontaría, dejó dicho que si no regresaban no debía enviarse ninguna otra misión de rescate.
El 29 de mayo de 1925, desde el campamento bautizado Caballo Muerto en el Mato Grosso, Fawcett enviaría un postrero mensaje a su esposa. Despidieron (con sus cartas) a los porteadores que les habían ayudado hasta allí y se adentraron solos en territorio desconocido. Eso fue lo último que se supo de ellos, ya que desaparecieron en la selva y nadie más les volvió a ver de nuevo.
A partir de ese momento en Inglaterra, -aunque también en otros lugares-, se vivió una auténtica fiebre por hallar a los exploradores desaparecidos, atizada por los diarios que supieron hallar su particular El Dorado. Así, y en contra de los deseos del propio Fawcett, durante más de veinticinco años se organizarían numerosas expediciones de socorro.
Surgirían a partir de entonces abundantes rumores, como el que situaba a un anciano blanco errante por las selvas y no faltaron testigos que afirmaban haber visto a Fawcett en la región de Minas Gerais y otras.
En 1928 el comandante George Dyott, al mando de una de aquellas marchas, indicó su convencimiento de que el coronel inglés y sus compañeros habían sido asesinados por los calapos, una tribu de la zona. Dos años después, el periodista Albert de Winton contactó con los propios calapos y corroboró la tesis de Dyott. Pero a Winton también le iba a engullir la jungla y jamás regresaría. Igual suerte correría el suizo Stefan Rattin, que había vuelto del Mato Grosso en 1932 y perjuraba que había hallado a Fawcett al norte del río Bamfin, aunque era prisionero de una tribu. Con el fin de liberar al coronel y probar sus afirmaciones organizó otra expedición a la selva pero nunca más se supo de él.
Con las sucesivas desapariciones, el convencimiento de la familia de la supervivencia del coronel, y el papel de los periódicos, la fascinación de la opinión pública iba en aumento. Se sostuvo que las tribus le mantenían prisionero como un trofeo prestigioso, cualquier resto de brújulas, valijas o botas eran indicios para seguir la pista del coronel y circularon leyendas sobre indios blancos, posibles descendientes de los exploradores perdidos.
Nuevas expediciones se dirigieron al Mato Grosso sin poder confirmar nada hasta que ya en 1951, el brasileño Orlando Vilas Boas dijo que un cacique calapo aseguraba haber asesinado a los exploradores y conocer el lugar donde estaban sus restos. Vilas Boas se llegó a fotografiar con un cráneo, -que afirmaba era el de Fawcett-, para terminar con una nueva historia que sugería que el coronel en realidad había encontrado un fabuloso reino perdido al estilo de El Dorado y se había quedado allí, bien por la fuerza bien por propia voluntad.
La leyenda de la misteriosa desaparición de Fawcett continuó viva durante décadas y hasta en fecha tan reciente como 1996 se organizó la última expedición conocida en busca de las huellas del coronel. Pero René Delmotte y James Lynch tampoco pudieron llegar muy lejos porque una tribu indígena les retuvo durante varios días amenazando con matarles. Al final pudieron salvar las vidas pero perdieron el equipo valorado en 30.000 dólares.
Después de setenta años de su desaparición, la jungla aún se muestra muy peligrosa para los que se aventuran a intentar seguir los pasos del intrépido y evanescente coronel Percy H. Fawcett.
Durante tres años estuvo cartografiando la región y cuando el encargo llegó a su fin, Fawcett abandonó el ejército y prosiguió las exploraciones financiándolas por su cuenta o con el patrocinio de diversos periódicos. Así, sus expediciones tuvieron bastante eco en su país natal debido a los peligros que arrostraba (tribus hostiles, peligrosos animales, naturaleza salvaje, orografía, accidentes, hambre, etc.) e incluso en un relato suyo de un viaje a las colinas Ricardo Franco se inspiró Arthur Conan Doyle para localizar su famosa novela El mundo perdido. En total encabezó siete expediciones a las selvas sudamericanas entre 1906 y 1924, con un breve paréntesis a causa de la I Guerra Mundial, ya que el coronel regresó a Inglaterra para luchar.
En los últimos años Fawcett había estudiado mucho la arqueología de la región. Así surgiría su interés por una gran y antigua ciudad perdida que estaba convencido de poder hallar en las junglas brasileñas. Aparte de viejos relatos y dudosos indicios el coronel creía en la existencia de esa ciudad, -que denominaría "Z"-, a causa de un ídolo de piedra negra, con misteriosos signos esculpidos, que le había regalado el escritor y también aventurero, sir H. Rider Haggart. Tras adquirir un mapa antiguo de la zona del aún poco conocido Mato Grosso, al SO de Brasil, en el que aparecía una ciudad sin nombre, Fawcett decidió organizar la que sería su última expedición.El coronel siempre había tenido problemas en sus viajes para encontrar compañeros fiables. Pero esta vez le acompañarían su hijo mayor, Jack, y un amigo de éste, Raleigh Rimell. Fawcett siempre había preferido los pequeños grupos, que pudieran valerse por sí mismos y podrían ganarse más fácilmente la confianza de las tribus nativas y evitar así los ataques. Planeó la ruta con sumo cuidado y, sabedor del peligro que afrontaría, dejó dicho que si no regresaban no debía enviarse ninguna otra misión de rescate.
Jack Fawcett Raleigh Rimell
El 29 de mayo de 1925, desde el campamento bautizado Caballo Muerto en el Mato Grosso, Fawcett enviaría un postrero mensaje a su esposa. Despidieron (con sus cartas) a los porteadores que les habían ayudado hasta allí y se adentraron solos en territorio desconocido. Eso fue lo último que se supo de ellos, ya que desaparecieron en la selva y nadie más les volvió a ver de nuevo.
A partir de ese momento en Inglaterra, -aunque también en otros lugares-, se vivió una auténtica fiebre por hallar a los exploradores desaparecidos, atizada por los diarios que supieron hallar su particular El Dorado. Así, y en contra de los deseos del propio Fawcett, durante más de veinticinco años se organizarían numerosas expediciones de socorro.
Surgirían a partir de entonces abundantes rumores, como el que situaba a un anciano blanco errante por las selvas y no faltaron testigos que afirmaban haber visto a Fawcett en la región de Minas Gerais y otras.
En 1928 el comandante George Dyott, al mando de una de aquellas marchas, indicó su convencimiento de que el coronel inglés y sus compañeros habían sido asesinados por los calapos, una tribu de la zona. Dos años después, el periodista Albert de Winton contactó con los propios calapos y corroboró la tesis de Dyott. Pero a Winton también le iba a engullir la jungla y jamás regresaría. Igual suerte correría el suizo Stefan Rattin, que había vuelto del Mato Grosso en 1932 y perjuraba que había hallado a Fawcett al norte del río Bamfin, aunque era prisionero de una tribu. Con el fin de liberar al coronel y probar sus afirmaciones organizó otra expedición a la selva pero nunca más se supo de él.
Con las sucesivas desapariciones, el convencimiento de la familia de la supervivencia del coronel, y el papel de los periódicos, la fascinación de la opinión pública iba en aumento. Se sostuvo que las tribus le mantenían prisionero como un trofeo prestigioso, cualquier resto de brújulas, valijas o botas eran indicios para seguir la pista del coronel y circularon leyendas sobre indios blancos, posibles descendientes de los exploradores perdidos.
Nuevas expediciones se dirigieron al Mato Grosso sin poder confirmar nada hasta que ya en 1951, el brasileño Orlando Vilas Boas dijo que un cacique calapo aseguraba haber asesinado a los exploradores y conocer el lugar donde estaban sus restos. Vilas Boas se llegó a fotografiar con un cráneo, -que afirmaba era el de Fawcett-, para terminar con una nueva historia que sugería que el coronel en realidad había encontrado un fabuloso reino perdido al estilo de El Dorado y se había quedado allí, bien por la fuerza bien por propia voluntad.
La leyenda de la misteriosa desaparición de Fawcett continuó viva durante décadas y hasta en fecha tan reciente como 1996 se organizó la última expedición conocida en busca de las huellas del coronel. Pero René Delmotte y James Lynch tampoco pudieron llegar muy lejos porque una tribu indígena les retuvo durante varios días amenazando con matarles. Al final pudieron salvar las vidas pero perdieron el equipo valorado en 30.000 dólares.
Después de setenta años de su desaparición, la jungla aún se muestra muy peligrosa para los que se aventuran a intentar seguir los pasos del intrépido y evanescente coronel Percy H. Fawcett.
Hitler, ¿realmente murió?
Aunque actualmente no seguirá vivo, muchas voces decian, en su día, que no murio y que logró escapar de Berlin en el ultimo momento. Se dice que pudo vivir en sudameria o en Suecia con su esposa y una prole de hijos, que segun de cuenta seguiran el legado del padre.
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